jueves, 15 de noviembre de 2012

De bragas, hombres y otros desatinos.


*Photo by François Benveniste

HOMBRE:  m. varón (ser humano del sexo masculino).

Últimamente mis problemas llevan ese nombre, y no uno con nombre y apellidos, sino en su forma más general. 
Altos, bajos, guapos, feos. casados, solteros... 
Variedad hay mucha (3.600 millones. Polla arriba, polla abajo) y lo curioso es que no soy capaz de encontrar uno al que querer. Y digo al que querer porque, por suerte o por desgracia, que me quieran tengo unos cuantos. Y no, la verdad que aunque suene halagador, no es más que un cargo de conciencia por no poder corresponder de igual forma.

Últimamente pierdo el interés con la misma facilidad que hace años las bragas, y digo que hace años porque hoy en día ya no las pierdo,
 las dejo caer, que al precio que están los conjuntos de marca, 
no está la cosa para irlos perdiendo así como así.
Daba igual perderlas antes, cuando llevabas de esas de algodón blancas con lacito y/o agujeritos, que ahora puedes comprar en el Carrefour a 3x2, o aquellas del mercadillo que te había comprado tu madre un día que bajó a mirar telas para las cortinas de la cocina,
 cuando le sonó a gloria aquello de: 
-¡Qué bragas tengo señora! ¡Me las quitan de las manos oiga!
 Por ser para usted 3 por 5 euritos...
Y ahí estaba tu madre sacando el monedero
(de la teta izquierda, que en el mercao ya se sabe...),
imaginando la cara de ilusión que pondrías cuando te diese esas maravillosas bragas que, además de taparte el culo iban a taparte hasta la garganta y, por si fuera poco, las tenías en tres colores:
Rosa vómito, azul pitufo y blanco roto, pero roto el color porque las muy hijas de puta no se rompían nunca...
Y claro, tú que quieres mucho a tu madre pues, fingiendo cara de ilusionada le dabas las gracias, imaginando lo cara que te va a salir la factura del dentista del primer maromo que, en un arrebato de pasión, quisiera arrancártelas con los dientes... o pensando en otro maromo que, en el momento álgido del tema, decidiera que es mejor apartarlas que bajarlas, y pasara diez minutos arrebujando tela hacia un lado como si de una carpa de circo se tratara...asi que mientras eso pasa por tu mente, tu boca con vida propia decide soltar un:
 -Me encantan mamá, ya necesitaba alguna nueva. 
Pobres madres, si supieran que son las que usamos cuando tenemos la regla o "pa trapos", y que preferiríamos ir sin bragas a una cita antes que ponernos esas...Aunque bueno, estas tienen una ventaja, la lavadora nunca se las traga, cosa que con los tangas de La Perla no pasa, y es que creo que, las lavadoras (como los perros) se parecen a sus dueñas, o al menos la mía tiene el mismo buen gusto que yo.
En fin, que me he dispersado, que hablaba de hombres no de bragas, aunque ambos intenten, con mayor o menor éxito, tapar y, sobretodo, meterse por los mismos huecos.

Para explicar lo que me pasa con los hombres en mi vida, los englobo en categorías.

1. Tengo amigos. Muchos. Gente increíble que siempre está ahí y a la cual quiero mucho (pero que no tocaría ni con una palo).

2. Tengo fuckfriends. (follamigos para la clase obrera y para el corrector ortográfico que lo da por bien escrito). Creo que no los suficientes. Gente increíble que siempre está ahí (a no ser que en ese momento tengan novia) y a la cual quiero mucho (sobretodo cuando me dan lo mío).

3. Tengo ex novios. Los cuento con los dedos de una mano. (demasiados para mi madre). Gente increíble que siempre está ahí (a veces dándose de cabezazos por haber hecho las cosas mal y haberme perdido) y a la cual quiero mucho (con los que jamás volvería y por recomendación facultativa no incluyo en la categoría anterior nunca, pero que mi madre de vez en cuando invita a comer).

4. Tengo gente por conocer (no mamá, los primos lejanos y el hijo de la Pepi no entran). En abundancia. Gente que no siempre está ahí (pero les vas cogiendo cariño) y a la cual no quieres (pero intentas vislumbrar si encajarían en alguna de las categorías anteriores).

Vamos, que no me quejo, que estoy rodeada de hombres, con o sin intenciones hacia mí, aunque me voy a centrar solo en la última categoría, que es la que más problemas me da, la gente por conocer...
De entrada hay algo que te gusta, no tiene porque ser físico, a mí me suele pasar más bien con la personalidad. Me gusta el juego y que jueguen conmigo (que me vacilen no), me gusta ese tonteo intelectual, que tengan la lengua y el cerebro muy sueltos,
que me hagan reír y que aumenten mi curiosidad.
Evidentemente también me tienen que atraer físicamente, quizá por su pelo rubio, su mirada, sus manos o ese cuerpo que se intuye divino bajo la camisa...y claro, aquí vienen los problemas con las expectativas.
Aunque no queramos las mujeres somos muy de montarnos películas, y al final, lo que nosotras creíamos que era un tonteo intelectual no eran más que dos cervezas a tiempo, que lo que te hacía reír te acaba pareciendo un payaso, que no era rubio sino castaño claro, que esa mirada penetrante la medicina lo denomina miopía, que esas manos increíbles nacieron para tocarse los huevos y que, bajo esa camisa solo había un abdominal pero hacia afuera.

Y es que.. ¿queremos que nos guste alguien a toda costa?

Si después de darte cuenta de todas esas cosas te sigue gustando, ese es tu chico...y yo hasta ahí llego, pero de ahí no avanzo y acabo perdiendo la ilusión y desinflándome como un globo. Quizá influye el hecho de que los hombres quieren calentar muchas sartenes a la vez,
y yo soy mujer de un solo fuego.

También me pasa lo contrario claro está, cuando yo me ilusiono pero no se ilusionan conmigo, y acabo dándome una y otra vez contra un muro infranqueable, porque las mujeres tendremos coraza, pero los hombres construyen muros de titanio. Y como te gusta mucho pues lo sigues intentando, y él encantado claro, detrás de su muro hay una chica que le dedica atenciones, mensajes...que estará ahí siempre...y él no se siente vulnerable. Con mucha suerte construirá una puerta en el muro que abrirá de vez en cuando para que ella pase, pero como un bis a bis, después vuelve a tu lado del muro princesa y vuelta a darte de cabezazos, para que no se diga que no lo intentaste.
¿Y cuál es el problema ahora?
Pues que cuando has conseguido hacer tu propio agujero en el puñetero muro, estás ya demasiado cansada para intentar nada más (y él tan fresco), y la ilusión vuelve a desaparecer.

Así que al final llego a una conclusión.
Para que se dé una relación tienen que darse tres condiciones:
 - Que yo esté dispuesta a currármelo.
 - Que él esté dispuesto a currárselo.
 - Que ambos estemos dispuestos a dejar que el otro se lo curre.

Si se dan estas tres cosas tienes un puesto asegurado en cualquiera de las tres categorías mencionadas al principio, o quizá en una cuarta, que sea "el amor de tu vida", pero en estos momentos en esa categoría no hay nadie, aunque os juro que me gustaría..


En el momento de publicar este post estoy ilusionada, y mucho, solo el tiempo dirá en que categoría entra...
y no, esta vez no quiero perder la ilusión y sí las bragas,
el resto depende de ti.

Que jodidamente bonito es todo cuando se está ilusionado ¿verdad?

Y esta es la canción que a mí me trae la mayor ilusión del mundo... Debilidades de una.
















                   

6 comentarios:

  1. Un entrada espectacular y maravillosa acorde a su talento, quizás debería mejorar su gusto musical pero eso ya es otro tema, enhorabuena.

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  2. Coletitas...cuanta sinceridad. Quizas demasiada para un blog?....

    Aun asi...sigue, por favor

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  3. La sinceridad no es mala, si es sincera. Te faltó una categoría. En otra dimensión paralela, quizás. Pija...

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  4. Sabes que es lo mejor de buscar? Disfrutar del camino ;)

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  5. Acabo de descubrir tú blog y tengo que decirte que con 3 entradas que he leído...en las 3 me he visto a mi misma. Y que esta es la que mas me gusta. Pienso leerme todas y cada una de tus entradas. Grandes verdades las que dices. Gracias.

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